
Un paso adelante. Uno atrás. Así parece ser la vida para todas las cosas. Un paso al costado. A veces también es bueno dar un paso al costado aunque sobre todo es necesario comprender las lecciones. Uno, dos, tres, comprender que el tiempo no espera y tomar la decisión correcta. Un paso hacia adelante cuando el cuerpo se inclina, todo va a derrumbarse pero no, aquí estoy todavía: sólo faltaba concentración y equilibrio. Claro… no parece posible, ya se nos casa, el tiempo pasó tan rápido, hasta hace muy poco era apenas una niña. Un paso más y daré el giro correcto, cómo saber, cómo decidir cuándo dar marcha atrás, ahí está el asunto: flexibilidad, debo ser más flexible. ¿Por qué la traté tan mal, por qué fui tan desconsiderado? Es su vida, es su amor, aunque sea nuestra hija para ella ya es hora de partir y formar su propia familia. Firme en mi lugar por un momento no avanzo ni retrocedo, sólo me concentro, cuatro, cinco, cuántas veces la misma lección y… ¿no aprendo todavía? Un paso al frente. Estoy a tiempo de dar otro paso al frente. El primer día de escuela, la primera mochila a la espalda, el último día el primer novio. Retrocedo un paso, mis ojos se han humedecido mientras regreso años atrás. Cuántas tristezas se trocaron luego en alegrías y ¿aún no aprendo? Siempre es la misma lección, uno, dos, lo tengo. Hablaré con ella y será hoy mismo, esta misma tarde le diré hija estaba equivocado hija solamente ansío tu felicidad, antes hablé con un corazón destrozado que no atendía razones. Es simple: dos pasos hacia adelante y un leve esfuerzo me inclina para abrazarla con amor, algo así como una despedida. Ella dirá te comprendo padre y me cubrirá con su abrazo. Ya sé lo que debo hacer, será una despedida. Esta vez la unirá a mí con mucha mayor fuerza. Aprendo una lección y ahí voy, la ansiedad por hablarle me estremece mientras rodeo el cuerpo con mi brazo, las mejillas encendidas al descubrir una vez más la vida, el futuro espera y esa lágrima se resiste a caer, una lección más. Avanzo el pie izquierdo, luego el derecho y entonces escucho dos acordes conocidos y una voz dice excelente, hoy bailaste este tango como nunca. Gracias profe pero ya llevo unas cuantas lecciones déjeme que le diga y disculpe hoy me voy un rato más temprano me reúno con mi muchacha, ¿sabe? La mayor, la que se casa. Allá voy.
Mario Ferrari, “Relatos en tres dimensiones”, 2004